12 de febrero de 2012

Los mursis y la moto

De esta guisa y sin muchos complejos de imagen (primera foto) atravesó, de paquete en moto, el Parque Nacional Mago, sur de Etiopía, en medio de un asfixiante calor, tragando polvo por los poros y dando saltos como reconocido paquete por un camino de tierra y piedra, pisoteado por miles de turistas en sus 4x4.
Pero contento de estar allí.
Se veían ruines y abandonadas chozas de mursis, grupos de ganado guiados por niños mursis y algun joven, en solitario, con su rifle que portaba como si de una endeble vara fuese. El viajero insatisfecho y su ‘motorman’ se cruzaban con ellos y dejaban una espesa estela de polvo que ellos parecían obviar. El calor que soportaba el valle convertía aquello en un verdadero horno de sudor y verde mortecino y ceniciento. La epoca de lluvias habia pasado.
El libro guía decía que podía alcanzar 41 grados pero este mochilero (reconvertido en paquete) cree que la sensación termica, por la abigarrada espesura de maleza, podría ser de 50 o 52.
El Parque Nacional Mago, muy cercano al lago Turkana (Kenia), fue creado originariamente para proteger una gama completa de animales y alardear de una exótica colección, incluyendo bufalos, leones, leopardos, elefantes y jirafas. En la práctica, quedaban algunos mamíferos como la cebra, kudos, y poco más.
¡Ah!, y como no, los mursis, explotados hasta la saciedad con fines turísticos.
¡Una verguenza!.
Mujer mursi, en el poblado artificial montado para hacer la 'turistada' de rigor.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

5 de febrero de 2012

Addis Abeba, contrastes y miseria

Addis Abeba, capital de Etiopía, después de una noche de dormida y adaptación, se mostraba caótica. No le sorprendió al viajero insatisfecho pues sabe de ciudades africanas. La primera impresión fue que crecía sin un plan. Se olvidó de la organización y apostó por “el mañana ¡dios dirá”!.
Contrastes, como siempre. Al lado de la opulencia, vivía la enfermedad. Una enfermedad que se exhibía/exhibe, además, como justificante de la mendicidad. Y ésta parecía/parece verse por todas las partes y llegaba a producir la indiferencia de tanto que se mostraba. Después de la mendicidad suele (no siempre) venir el hurto, el robo, la extorsión. No sufrido, por ahora, y espera que nunca.
Los ninos vendían de todo, chicles, golosinas, tabaco. Se les veía muy espabilados, con una sonrisa que parecía ocultar sus ratos de miseria. Seguro, seguro -al menos aquellos- que además de vender, por lo general, eran pequenos ladronzuelos.
Y en ese lento aterrizar a un país, todavía afectado por el choque que supone el cambio e impresionado por lo mismo, oyó por primera vez expresarse en amárico. “Aderu” (buenos días), le dijo aquel negro/brillante, quizás enclenque charlatán, cuando vio que allí parado el mochilero escuchaba mientras él iba desgranando (no sabe qué) pausadamente como quien levanta cada pesada palabra pronunciada. Semejaba a un rimero de cifras pues, a la vez, elevaba uno de sus dedos, o dos, o tres como si contara sus ‘pesonas/pesadas’ sentencias. 
Un grupo de asnos, cargados con sacos de carbón vegetal, enfilaban la calle entre el ruido de los tubos de escape de los coches. Bajaban de las montañas tapizadas de eucaliptos que rodeban la ciudad, segun pudo saber. Hasta hacía no mucho la madera era el principal combustible de la mayoría de la población. La introducción del eucalipto en Etiopía ha supuesto una catástrofe natural que ha evitado una catástrofe humana, pues su escasez hubiera sido mortal.
[Ese mochilero siempre critica este árbol, que tanto dano ha hecho al territorio ibérico].
Los europeos introdujeron este árbol australiano y su colonización silenciosa sigue avanzando.

Copyright © By Blas F.Tomé 2012

29 de enero de 2012

Etiopía, el país de la reina de Saba

En 2001, ya había intentado visitar Etiopía pero un problema logístico le desvió a Vietnam, desde donde vivió (o mejor, no vivió) los atentados del 11-S.
Ni se enteró.
En 2003 leyó “El safari de la estrella negra” que le devolvió, de nuevo, la vena etíope.
  • Etiopía se distinguía en el África negra por disponer de guión propio y, por consiguiente, de su propia historia escrita y un poderoso sentido del pasado. Los etíopes son tan conscientes de sus vínculos culturales antiguos con India y Egipto, y la fuente religiosa de Oriente Medio, que a menudo afirman ser los primeros cristianos. Cuando antepasados bárbaros corrían por Europa con el culo al aire y con el vientre pintado con glasto azul, los etíopes, ataviados con ropajes elaborados, criaban ganado, utilizaban la rueda y defendían su civilización del ataque del islam, mientras cumplían con devoción los Diez Mandamientos”, decía Paul Theroux, en su libro “El safari de la estrella negra”.
Y si lo decía Theroux, que era, y es, uno de los escritores viajeros por excelencia, ¿qué iba a hacer el viajero insatisfecho?.
Pues,….., prepararse -otra vez- para ir.
Hasta ahora, y han pasado varios años, no puede decir que el viaje está hecho, que no lo está, pero será inminente.
..................................................................................................................


Copyright © By Blas F.Tomé 2012

21 de enero de 2012

Un poco de arte tradicional del Sahel

Desde la ciudad de Bolgatanga (Ghana), la intención del viajero insatisfecho era visitar el Palacio Paga Pía, en la frontera de Burkina Faso [su fotografía era portada del libro-guía de cabecera]. Un taxi/compartido -medio de transporte barato para realizar movimientos de unos pocos kilómetros en el norte de Ghana- le acercó a la ciudad de Paga. Allí, nada más descender, fue recibido por dos jóvenes salidos de entre las casuchas aledañas. Lo primero que hicieron: reclamarle el ‘impuesto revolucionario’.
Este leonés siempre se queja, de estas forzadas dádivas, pero debe reconocer, y lo hace, que no suelen ser excesivas y, al fin y al cabo, ellos enseñan lo poco que tienen, pero que constituye su cultura, y además tratan de explicar sus históricas realidades o sus invenciones.
Se decía que aquel extenso complejo fue fundado por Naveh Kampala. De él sólo mostraban alguna casa tradicional. El resto, más parecido a los pobres arrabales chabolistas de un pueblucho, nada tenía que ver con lo que en los países europeos se conoce como palacio. Los descendientes del tal Kampala vivían ahora allí, distribuidos en docenas de casuchas, con su rango, con sus más de 300 parientes, esposas e hijos. Alrededor de tres cuartas partes de aquellos pequeños edificios del complejo se habían construído -ya quedaba poco cosa- en el estilo tradicional del Sahel, varios atractivamente pintados y algunos, los más antiguos, conteniendo cerámica y otros artilugios, todos ellos artesanales [ver fotografía].
El diseño de las puertas de las casas [ver fotografías] era una reliquia de la época esclavista, según algunas fuentes. La baja entrada y un alto murete que por el interior la bordeaba, hacía imposible que alguien, no bienvenido, entrara en casa sin que el ocupante tuviera un montón de tiempo para darle un golpe en la nuca.
Comprobado.
El muchacho que ejerció entonces de guía le contó, además, otra versión: ese particular, raro y original diseño de las entradas impedía el acceso de animales salvajes.
¿Cuál sería la historia real y cuál la invención?.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

15 de enero de 2012

Unas frases sacadas a un escritor africano

  • Durante más de un mes, ella se resistió completamente a que la tocara. Él le suplicó. Incluso intentó encandilarla ofreciéndole dinero y regalos. Pero su revulsión era incontrolable. Él acabó por enfadarse. La pegó. La castigó. La mataba de hambre. Aquello se convirtió en una guerra absurda entre la voluntad del hombre y la ausencia de deseo de la mujer. Algunas noches, él se le acercaba, desnudo, y la obligaba a contemplar su erección. Ella nunca podría olvidar la primera vez que le vio desnudo. El tamaño de su miembro la dejó horrorizada. Le recordaba a un llantén alargado y curvado. Ifeyiwa escapó a todo correr y gritando de la habitación. Un día él no la dejó escapar, la agarró, la sujetó a la fuerza, forcejeó sobre ella y de repente se desplomó encima, maldiciendo, agotado. Su esperma se había desparramado sobre el vientre de Ifeyiwa y su vestido rasgado. Ella salió rodando debajo de él, se envolvió en un paño y salió al patio, donde vomitó. Aquella noche se baño tres veces”.(Okri, Ben. Amor peligroso. Ediciones del bronce. Barcelona, 1998, pag. 115-116).
¡Qué oscura es África!, pero qué brillos de cordura y repulsa surgen a veces. Son destellos de esa natural sabiduría en un escritor africano, como el de este texto, de cierto inconformismo y denuncia de la dura vida real y cotidiana.
Esta fotografía [oscura en la noche, con brillos imprevistos] tomada en Mozambique le viene al pelo, pensó este viajero insatisfecho.
Copyright © By Blas F.Tomé 2012

7 de enero de 2012

Había que amortizar el tique

Ufffff. ¡Qué pereza -pensaba entonces- visitar en aquellos momentos Vimanmek Mansión Museum, muy distante de donde el viajero insatisfecho se encontraba!.
El tique de entrada lo tenía. Iba incluido por no sabe qué razón en el tique conjunto que vendían en el Gran Palacio de Bangkok ya visitado.
¡Había que amortizarlo!
Sorprendentemente, la mansión -muy turística para los visitantes locales que deseaban ver donde veraneaba su venerado y antiguo rey Rama V- era una belleza, cuidada, inmensa, relajante, delicada y considerada la vivienda de madera de teca más grande del mundo.
Era difícil escuchar a la guía -obligatoria para la visita- aunque su inglés no era tan malo con el del mequetrefe mochilero, pero era fácil sentir descalzo la madera de teca, toda ella; admirar las estancias, con sabor del siglo XIX, las antecámaras y maquesinas de diferentes tamaños; las vitrinas repletas de objetos de cristal, de porcelana, oro, plata y marfil; el mobiliario artesano europeo, o chino, de maderas nobles y bellas incrustaciones de piedras de colores; la sala de la reina; el cuarto de baño del rey y, en fin, multitud de recuerdos personales que la bella guía thai se esforzaba en detallar al son de su rítmica cantinela en inglés.
Al salir, después de calzarse las zapatillas, era el momento de buscar la cámara, guardada a buen recaudo por imperativo thailandés, y hacer la fotografía de rigor ante la casa (prohibido en su interior).
Siempre un ‘pelín’ renegado, el mochilero no quiere mostrarse en ella.



Copyright © By Blas F.Tomé 2012

30 de diciembre de 2011

El V(B)iajero Insatisfecho bajo el ‘efecto Scarlett’

Este año, que finaliza, ha sido el año del ‘efecto Scarlett’ [primera fotografía].
- ¿No recordáis?.
- Si. Si, cuando le robaron las fotos íntimas a Scarlett Johannson.
No quiere este viajero insatisfecho dejar que este ‘importante-acontecimiento’ pase sin ser tratado en este blog de viajes con varios ejemplos.
- ¿Qué no tiene nada que ver con los viajes?.
- Si. Es un viaje a la oscuridad mental humana.




Copyright © By Blas F.Tomé 2011

23 de diciembre de 2011

Los viajes no son lo que eran

© Aventuras de Tiburcio y Cogollo, por Trapiello
--------------------------------------


Los viajes no son lo que eran”. Esta frase ha pasado muchas veces por la mente del viajero insatisfecho. Aunque pareciera una remembranza tierna y melancólica de un momento que este mochilero no conoció, no hay duda de que, antes, el viajero en general se enfrentaba a civilizaciones, pueblos, regiones o individuos opuestos a su mundo cotidiano que evocaban exotismo por sus extrañas y ajenas cualidades. Piénsese en los primeros exploradores de tierras africanas: abordaban un mundo extraño, hostil, diferente y dañino.
Ahora, la búsqueda de lo exótico o de lo desconocido tiene que ser interior, debe ser razonada en las entrañas, mezclada, eso sí, con los pequeños retazos de cierta antigüedad que vayan apareciendo en el camino.
El fósil aquel, visto; el tatuaje aquel, grabado a fuego en el cuerpo de aquel, en apariencia, aborigen; el movimiento hace mucho observado, o el monolito desconocido son imprescindibles para hacer sentir al viajero, viajero, y constituyen su galería de objetos e imágenes que podrían ser la ‘negra-habitación’ de las vanas aspiraciones por enfrentarse a pueblos antiguos o civilizaciones ancestrales.
El viajero de hoy debe conformarse con pisar terrenos únicamente que él no había pisado, con vivir situaciones imprevistas y congratularse de descubrir y tocar lo que otros ya le han enseñado mediante imágenes, palabras o, quizás, cuentos inventados.
No importa.
A este leonés, le gustan las casuchas de chatarra desvencijadas que nadie mira, los tranvías rojos y oxidados, los bares de madera con balaustrada de latón y las calles silenciosas azotadas por el viento barredor. Y así, no son necesarios ni los brotes de historia, ni las catedrales del siglo XVI, ni las civilizaciones babilónicas, y mucho menos la búsqueda permanente de lo terrenal exótico.



Copyright © By Blas F.Tomé 2011

13 de diciembre de 2011

Cocobolo

¡Vaya paliza!, y qué sudada, por ayudar a cargar troncos de cocobolo en un cuatro por cuatro panameño. Aquellos troncos, serrados para seleccionar el verdadero corazón de la madera, pesaban más que ‘un matrimonio a la fuerza’. Y todo ese sufrimiento del viajero, por encomendarse a un ganadero de Quintín para, así, conseguir transporte desde La Palma a ese lejano poblado. Al ‘joío’ muchacho no se le ocurrió otra cosa que hacer un flete a medio camino, antes de llegar al destino.
Y ahí estaba el viajero insatisfecho dispuesto a ayudar y a cargar si hiciera falta con todo el cocobolo de la zona del Darién.
[En su descargo, habrá que decir que no supo hasta después, qué especiales tocones ayudaba a cargar].
Si bien hay varios tipos de estos árboles, la talla más generalizada es la de uno que puede alcanzar los 20-25 metros de altura. Debido a su gran belleza y alto valor, se ha sobreexplotado y está ahora en peligro de extinción fuera de parques nacionales y reservas. Su textura es muy densa y aceitosa, a la vista y a la sensación. Con esta hermosa y carísima madera (que lo es) se hacen guitarras, oboes, piezas de ajedrez, manillas de cuchillo y artesanía animal, en general.
Probablemente aquello era una pequeña ilegal tala o, quizás, no muy justificada.
Tal vez, no.
No lo supo.
Ante el desconocimiento de la madera que le estaba agotando, este mochilero preguntó al ganadero/conductor por qué era tan valiosa.
- No lo sé. Es muy escasa, de buenísima calidad y la compran los chinos –contestó el joven ganadero.
¡Vaya, otra vez los chinos!.


PD.: En la foto aparece la dueña del cocobolo (al fondo), su hijo y el ganadero/conductor.
Copyright © By Blas F.Tomé 2011

2 de diciembre de 2011

Bangkok también tiene otro-Bangkok

Bangkok (Thailandia) era algo más que el conocido Gran Palacio/Wat Phra Kaeo, que el Museo Nacional, que la gran ciudad del sureste asiático, o el barrio de Chinatown, o sus modernos ‘scalextric’ viarios y aeropuerto.
Era más.
[¡Qué mal lo ha pasado el pueblo 'thai' hace unos días: lluvias torrenciales, inundaciones, penalidades, muertos,…!].
La capital de Thailandia era también una compleja red de canales, khlongs, de imprescindible visita. Muchos de ellos ya cegados o convertidos en calles, la ciudad conservaba los suficientes para ver aquella ‘otra urbe’. A orillas de estos khlongs había cientos o miles de embarcaderos particulares, accesos habituales a viviendas privadas de madera sobre pilotes, a templos más modestos, a pequeñas industrias familiares y tiendas minúsculas.
Allí era donde había otra vida cotidiana, otro Bangkok de olores y sabores, donde a veces la piel se vestía de torbellinos de flores y plantas flotantes y vegetación exuberante. Mientras el pequeño bote tronaba por el estrecho canal central, el que surgía como una rama a la derecha, parecía no tener fin a lo lejos; el que surgía a la izquierda, simulaba estar abandonado aunque, en uno de sus laterales, varios niños saltaban el agua y reían el paso de la ‘longtail boat’.
Aún se resistían algunas mujeres a abandonar su mercadeo flotante en sus pequeñas piraguas, pero se veía falso y turístico al orillarse, con la complicidad del piloto, al taxi-boat en que viajaba el viajero insatisfecho y ofrecer al escaso pasaje (dos personas) un sombrero pai-pai, la cerveza de lata ‘Chang’ (carísima), las especias plastificadas y otra talla de madera más del siempre ‘afeminadoBuda.
Sin embargo, aquella última mañana de la estancia en Bangkok fue un bonito postre de vida tailandesa, flambeado por la antigua y casi extinta llama de una ciudad con diferente buqué oriental.






Copyright © By Blas F.Tomé 2011